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Espera



Te vas tras cualquier abismo,
no importa su nombre.
Y yo lo sé.
Te veo partir hacia esa nueva luz,
siempre otra luz y luego otra.
Y te aguardo,
con la víscera a flor de piel,
pero te aguardo.
Y me callo.
Ella,
la que estaba antes que yo llegase,
también calla.
Te busca discretamente pero calla.


Reservas



He construido esferas en las que cobijarme,
puntos suspensivos que hablan de ti,
frases incompletas con la urgencia de tu boca,
luces para apaciguar la víscera.

No hay canto que calme
el vuelo amargo de la duda
ni risa que duerma plácida en mi piel,
ni manos que puedan sanar
la herida furiosa de tu deseo.

Te muestro apenas
la superficie de la ruina,
el rocío sobre los capiteles marchitos
el altar sin dioses
la mirada ajena de las esculturas.

Nada te digo del dolor que quema,
de los árboles caídos,
nada del suspiro que se pierde
en un cuerpo deshabitado
ni de su antigua luz
que la soledad guardó
detrás de la nevera.

Bosque


Me hablas de piel y un aullido me recorre.
Recala en la mirada encendida que te busca.
Cazador contra cazador, pieza domada, trampa de lunas.
Escóndete o te anudo a mi ombligo.
Sí. Cuenta una vez más.
Uno, dos, tres, cuatro, señuelo de bocas, anzuelo de gemidos.

Desnuda de vos




Bajas. Rodeas mi ombligo,
reclamas la lluvia que te nombra,
que me hace fuente tuya.

Sigues.
Deslizas cometas,
me elevas,
lengua-luna al dictado de mis mareas,
ciega luz que me palpa.


Y una boca devora mi alma,
habita en tu vientre,
apéndice fiel de ti,
vacía ya de todo lo que fui
en otro tiempo.
.

Permanente amor


Aguardo mi turno. Detrás de ella.
Tú, en un clónico artificio,
fraseas la misma melodía.
Do Do Re.
Y sé que ella
bebe cada palabra bendita
para purificarse en ti,
cuando la entrega es sólo
flor oscura.
Y aguardo.
Aguardo mi turno,
contando lunas,
germen de espinas,
obediente.