Mostrando entradas con la etiqueta De Alguien. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta De Alguien. Mostrar todas las entradas

Mía


Tus ojos no son pan

ni tienen el color de la quimera.
Tú eres tardes que comparten sombras,
espigas ansiosas floreciendo en las manos.
Nunca fuiste mujer construida en la pena,
ni deseo atrapado en las prisas de la noche.
Yo siempre te esperé sabiéndote,
como sabe la sintaxis
explicar una frase.
Tu voz fue oráculo voraz de los días,
para mí siempre presente
mientras surcabas laberintos
y yo no era ni el minotauro
ni Ariadna,
sino el vuelo del ave
que conoce el camino de vuelta.
Mis alas marcaban el lugar preciso,
la hora fijada,
ajena ya a la duda y sus presagios.

Sé muy bien quién eres,
a pesar tuyo, lo sé.
Pero todo es tan simple
como que el mar trae tu nombre
y al mar me doy.

Amantes


Nada que resolver. Ahora.
No dejo de pensar en el hermoso nombre que portas en la declaración de mis ojos, la flor inmaterial que ayudé a procrear desde la húmeda sensación de amarse, muda, enceguecida, enfurecida en el deseo abierto y ruborizado del vigor de tu cuerpo, la cosecha más adultera, la fricción más profusa, desatada, la ansiosa profundidad de las miradas que besan de pasión viva el abrazo que nos une en el secreto, en el amor, en la sincera raíz de la tristeza que empaña esta historia de amantes.